HISTORIA DE LA CORPORACIÓN SCIO:

El inicio.

El problema con el mundo es que la gente inteligente está llena de dudas, mientras que los estúpidos están llenos de confianza. Charles Bukowski

Finalizando el año del 2006 tres no tan jóvenes investigadores deciden formalizar la propuesta de constituir una institución que les permita proponer estudios sobre la dinámica de la investigación en el país. Aunque la idea de lo que realizarían tan sólo se estaba gestando, decidieron lanzarse en la cruzada y conformar una organización sin ánimo de lucro (dada su particular tendencia a los trabajos colaborativos) denominada Corporación colombiana del saber científico –SCIO (del latín: yo sé).

La ausencia total de experiencia en temas administrativos (tarea desestimada en el mundo académico nacional), así como la completa incapacidad para transmitir aquello que se quería realizar a algunos conocidos del mundo de la administración, imposibilita un diálogo provechoso con ellos y lleva a los fundadores a asumir una posición crítica frente a su desconocimiento en estos temas y a darse a la tarea de evitar posiciones despectivas cuando se tratara de los mismos: un nuevo problema había llegado a estos indagadores, lo administrativo y sus teorías.

Su estudio derivó en la implementación de servicios que permitían el sostenimiento de la institución, mientras se continuaba con la idea de presentarse a diferentes convocatorias para la financiación de proyectos; sin embargo, las características dilaciones de los proyectos colombianos, o el rechazo de muchos por la falta de sintonía con las fuerzas que orientan la ciencia nacional, no brindaban la posibilidad de un sostenimiento saludable de la Corporación.

Luego de continuas discusiones sobre lo que se debería ser y hacer, sus enfoques de investigación, la relación servicio-investigación, las áreas de conocimiento que se debían abordar, se pensó en organizar la actividad de SCIO en proyectos/servicios que permitieran la interacción de diferentes disciplinas y la posibilidad de elaborar productos, fruto de los resultados obtenidos en los estudios, disponibles para toda la comunidad, reproducibles a la medida de los usuarios y que en el camino de su desarrollo se encontraran mecenas que permitieran su consolidación (seguimos en el intento).

Ante la falta de presupuesto y frente al temor natural que despiertan las nuevas opciones, se decidió que la “información abierta y participativa” que se quería, sólo era posible ofrecerla si se desarrollaban primero versiones beta (la gente no financia ideas) con los recursos de los servicios que se ofrecían y a largo plazo, confiando en que las nuevas generaciones entendieran mejor el significado de “comunidad”, “participativo”, “acceso libre”, se pudieran desarrollar plataformas de información para el país. Aunque ambiciosa la iniciativa, se comenzó por el diseño de la imagen institucional que respondiera al quehacer y al gusto de sus miembros por la información (ninguno era diseñador): enfrascados en ideas como “la ciencia es en blanco y negro” o expresiones como “póngamelo todo en blanco o negro”, “la seriedad y elegancia la dan el blanco y el negro” se realizaron documentos, presentaciones, página web, basados en ese concepto.

Más allá de lo aburrido del color, el logo representaba (se cree que aún lo hace) la participación de hombres y mujeres en la construcción del conocimiento, por eso los pensadores encima de la “O” vista como el mundo, las letras en un fondo blanco brindaban la idea de una hoja, dado el interés de dos de sus fundadores por los procesos editoriales y las letras que relacionan la palabra en latín SCIO “yo sé” con SCIence. Muchas ideas, muchos sueños, poco tiempo, poco dinero.

Absortos en el mundo blanco y negro y en la idea de que la representación del conocimiento debía ser transparente, y de sólo dos tonos para dar mayor credibilidad y seriedad al trabajo, se perdió el camino en el subrepticio mundo de lo que no se dice ni se debe decir debido a los parámetros establecidos y al constante temor de no ser aceptado.

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Los lineamientos iban tomando forma, el aprendizaje sobre las relaciones cara a cara iban dando evidencia de los intereses de la comunidad, y la continua falta de dinero obligaba a trabajar con nuevas herramientas de software libre que devino en el fortalecimiento del trabajo y en el apoyo de la idea de conocimiento abierto, lo que aún permite que continuamente esté recreándose la Corporación con nuevas tendencias de la tecnología, la investigación y el mercado.

Computadores usados, uso de programas de software libre, lectura de manuales, creación de herramientas de recolección de información, creative commons, fueron el detonante que permitió la construcción, aunque no así el desarrollo, de ideas en torno a la participación de la comunidad científica en la formulación de políticas de ciencia y tecnología y a su vez en las formas en que la ciudadanía se involucrara en los procesos de toma de decisiones; las ideas maduraban gracias a los servicios que se prestaban al docente, al editor, al ingeniero, al administrador público, a la universidad privada, a la universidad pública. Todos coincidían en algo, la falta de información, de acceso a ella, de dinamismo en general. Mientras tanto, en otros ámbitos, las discusiones sobre ciencia, tecnología e innovación en el país no cambiaban, conteos, clasificaciones, evaluaciones, obsolescencia de las bases de datos nacionales, organización de la información cambiante y sin mayores avances.

Una nueva Ley de ciencia y tecnología se posicionaba y SCIO continúa viviendo de ideas, además de la buena fe de aquellos que creen que lo que se propone puede funcionar. Ahora comienza una nueva etapa, en la que se busca ser útiles a la comunidad y contribuir con las discusiones del país, relacionando a más actores con la investigación colombiana. No existen protagonistas, existen los medios para construir colectivamente, para armar el rompecabezas de la ciencia, la tecnología y la innovación nacionales.

No hay que comenzar desde cero, hay que optimizar lo construido, hay que brindar alternativas. Ese es el compromiso, eso es SCIO, porque si yo sé, ustedes también.